¿Es acaso el éxito cuestión de suerte, o de sacrificios?

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Para grandes éxitos, grandes fracasos. La historia está llena de personajes famosos que, antes de ser reconocidos, cometieron algún error colosal en su camino de vida. Cabe afirmar, que ni los más aventajados tienen el camino totalmente despejado, y que hasta las mentes más agudas cometen imprecisiones dignas de un novato. Pero lo que hace la diferencia entre un fracaso rotundo y un éxito descomunal a veces recae en cómo el individuo se sobrepone al error.

Apartando las actitudes excesivamente pesimistas y borrando todo atisbo de autocompasión, grandes hombres supieron ponerse de pie luego de grandes errores y decir “yo fui, yo estoy aquí, ¿qué puedo hacer para solucionar, o enmendar esto?

El éxito ¿hecho casual?

Winston Leonard Churchill probablemente sea conocido por ostentar más de cinco títulos nobiliarios de Inglaterra; por haber sido uno de los grandes estrategas detrás de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial; o por haber ocupado el cargo de Primer Ministro de Inglaterra con una agudeza y entereza política del más alto nivel, en las situaciones más adversas.

No obstante, antes de ocupar el sitial de honor en la historia, Churchill era un almirante de la Royal Navy. Durante la Primera Guerra Mundial ideó una operación militar que constituiría el primer desembarco anfibio de la historia bélica.

La operación pretendía tomar Constantinopla y neutralizar a Turquía en el teatro de operaciones de la guerra, y al mismo tiempo proveer de suministros a Rusia, a través del Mediterráneo. Sin embargo, los intentos de desembarco fueron un completo desastre, y los soldados otomanos repelieron a las fuerzas británicas, francesas, australianas y neozelandesas que buscaban invadir sus costas.

La figura política de Churchill se vio eclipsada después de su fracaso y pasaron varias décadas antes de que la opinión pública inglesa olvidara una de sus peores derrotas militares. No fue sino hasta la Segunda Guerra Mundial, que es convocado para enfrentar a los nazis, y su ejército coordina un desembarco anfibio exitoso esta vez: Normandía.

Hombres de talante similar a Churchill, han cometido errores que los conducen a circunstancias muy apremiantes, que han sabido llevar adelante. Walt Disney tenía una deuda de 4 millones de dólares para principios de 1930.  Por si fuera poco, habían perdido los derechos de su obra maestra, Oswald the Lucky Rabbit. Sin embargo, “Blanca nieves y los siete enanitos” supuso un éxito rotundo, y Oswald se transformó en Mickey Mouse.

Esto salvó a la compañía de la bancarrota y la posicionó en la historia, como la corporación de entretenimiento más grande del mundo.

Lecciones de vida

Tanto de Churchill como de Walt Disney la lección es clara: las grandes empresas sufren grandes tropiezos y del mismo tamaño que la ambición deben ser las ganas de levantarse en las situaciones difíciles. Asimismo, cabe mencionar que perder algo de dinero, o una oferta no se compara con ser el responsable de la muerte de cientos de miles de soldados, o deber una cantidad exorbitante de millones de dólares. Nuestras adversidades, después de todo, no son nada inabarcable.

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