El hombre y su búsqueda eterna de la llamada libertad

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La libertad humana es uno de los temas más estudiados por la filosofía. Sin embargo, en la vida cotidiana, rara vez nos detenemos a pensar cuán libres somos, para qué somos libres o cuáles son las limitaciones de esa libertad. En ese sentido la madre de todas las ciencias ofrece algunos indicios que pueden significar una verdadera ayuda en nuestras vidas.

Eso implica, que no sean solo una sucesión de frases agradables, sino que resulten de un proceso racional humano, contrastable con la realidad. Sin embargo, la filosofía, por su propia naturaleza, no busca necesariamente respuestas, sino buenas preguntas. Incógnitas que, aunque puede que nunca tengan una respuesta universal, valga la pena pasar la vida en su búsqueda.

Hipótesis sobre la libertad

Con respecto a la libertad se han erigido diversos constructos teóricos de gran complejidad. Eso permite que puedan ser vistos todos como una amplia gama de lentes a través de los cuales se puede observar la realidad. Las nociones de libertad más universales, se refieren a la capacidad de obrar sin impedimentos u otras determinaciones más allá de la propia voluntad del individuo.

Sin embargo, otras vertientes suponen que todo lo que acontece es una cadena de eventos en sucesión causa-efecto, y que por tanto el hombre no puede extraerse esa línea indefectible de acontecimientos. Así, la libertad sería una mera ilusión.

Por suerte algunos grandes pensadores se fueron al otro extremo, pero con muy buenos fundamentos. En el caso del existencialismo, sus postulados se basaban en que el hombre estaba atado con igual indefectibilidad a su propia libertad.

Debido a eso, todas sus acciones e inacciones eran, al final su completa responsabilidad. La influencia de las circunstancias quedaba entonces reducida a una coacción significativa, pero de ninguna forma determinante.

Otras perspectivas

Uno de los principales exponentes de esta filosofía absoluta es Jean Paul Sartre. Nacido en Francia, es uno de los existencialistas fundamentales. Su idea de libertad implicaba a su vez que la vida no tenía propósito en sí mismo, es decir ninguna gran causa, ningún fin épico. Ningún paraíso esperando al morir.

En lugar de asumirlo como algo triste, el existencialismo afirma que esta es la mayor gloria que se le pudo haber concebido al hombre: ser absoluta y completamente libre para moldear su destino, sin ninguna otra intervención más que la suya.

Pensadores posteriores han puesto énfasis en la idea de libertad como forma de mejoramiento personal, para acercarse a ser cada vez más un humano pleno, en relativa felicidad y paz con su existencia.

Entre las mentes destacadas que fundamentaban la reinvención humana está Erik Erikson, quien se dedicó a profundizar en la psicología psicoanalítica. Sus avances teóricos lo llevaron a creer en la maleabilidad del hombre como concepto de gran importancia. Es así que se refunda a sí mismo cambiando su nombre a Erik Erikson (Erik Hijo de Erik, hijo de sí mismo). Por todo esto es preciso detenerse a pensar en la cotidianidad, y sentir por nosotros mismos el estrépito de la propia y absoluta libertad.

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